viernes, 27 de marzo de 2009

Comentario al libro de Daniel

Capitulo 4

Versículos 1—18. Nabucodonosor reconoce el poder de Jehová. 19—27. Daniel interpreta su sueño. 28—37. Su cumplimiento.


Vv. 1—18. El comienzo y el final de este capítulo nos llevan a tener la esperanza de que Nabucodonosor fuera un monumento al poder de la gracia divina, y de las riquezas de la misericordia divina. Después de ser sanado de su locura, difundió ampliamente, y escribió para las edades futuras, cómo Dios lo había justamente humillado y lo había restaurado por gracia. Cuando el pecador vuelve en sí, buscará el bienestar de los demás dando a conocer la prodigiosa
misericordia de Dios. —Antes de relatar los juicios divinos contra él por su orgullo, Nabucodonosor habló de las advertencias que tuvo en un sueño o visión. Se le explicó el significado. La persona representada iba a ser despojada de toda honra y privada del uso de razón por siete años. Ciertamente este es el más doloroso de todos los juicios temporales. Cualquiera sea la aflicción externa que plazca a Dios ponernos, tenemos razón para soportarla pacientemente y estar agradecidos que permita el uso sano de nuestra razón y ponga paz en nuestra conciencia. Pero si el Señor considera adecuado impedir por tales medios que un pecador cometa múltiples delitos, o que un creyente deshonre su nombre, aun la prevención más espantosa sería preferible a la mala conducta. —Dios lo ha determinado, como Juez justo, y los ángeles en el cielo aplauden. No se trata de que el gran Dios necesite el consejo o concurrencia de los ángeles, sino que denota la solemnidad de esta sentencia. La demanda es por la palabra de los santos, el pueblo sufriente de Dios: cuando el oprimido clama a Dios, Él oirá. Busquemos con diligencia las bendiciones que nunca nos pueden ser quitadas y, guardémonos especialmente del orgullo y de olvidar a Dios.

Vv. 19—27. Daniel estaba impactado con asombro y terror ante un juicio tan duro que caía sobre un príncipe tan grande, y aconseja con ternura y respeto. Necesario es, con arrepentimiento, no sólo que cesemos de hacer el mal, sino que aprendamos a hacer el bien. Aunque no se evite totalmente el juicio, sin embargo, puede retardar mucho la llegada del trastorno o abreviarlo cuando llegue. Todos los que se arrepienten y se vuelven a Dios escaparán de la miseria eterna.

Vv. 28—33. El orgullo y el engaño de uno mismo son pecados que acosan a los grandes hombres. Son buenos para darse la gloria que solamente es debida a Dios. Mientras la soberbia estaba en la palabra del rey, vino la poderosa palabra de Dios. Desaparecieron su entendimiento y su memoria y se quebrantaron todas las facultades del alma racional. ¡Cuán cuidadosos debemos ser de no hacer nada que provoque a Dios a privarnos de nuestros sentidos! Dios resiste al orgulloso. Nabucodonosor será más que hombre, pero Dios lo hace justicieramente menos que hombre.

Vv. 34—37. Podemos aprender a creer acerca de Dios que el Dios Altísimo vive por siempre y su reino es como Él mismo: eterno y universal. Su poder admite resistencia. Cuando los hombres son llevados a honrar a Dios, por la confesión de pecado y el reconocimiento de su soberanía, entonces, y sólo entonces, pueden tener la expectativa de que Dios los honre; no sólo los restaurará a la dignidad que perdieron por el pecado del primer Adán; les sumará la majestad excelente de la justicia y gracia del Segundo Adán. Las aflicciones no durarán más de lo necesario para que hagan la obra para la cual fueron enviadas. No puede haber duda razonable de que Nabucodonosor fue un penitente verdadero y un creyente aceptado. Se piensa que no vivió más de un año después de su restauración. Así, pues, el Señor sabe abatir a los que andan con soberbia, pero da gracia y consuelo al pecador humilde que lo invoca con corazón quebrantado.

martes, 3 de marzo de 2009

Comentario al libro de Daniel

CAPÍTULO 3

Versículos 1—7. La imagen de oro de Nabucodonosor. 8—18. Sadrac y sus compañeros rehúsan adorarla. 19—27. Son echados a un horno, pero son preservados milagrosamente. 28—30. Nabucodonosor da la gloria a Jehová.

Vv. 1—7. Probablemente la altura de la imagen, unos veintisiete metros, incluía un pedestal y, muy probablemente, solo estaba recamada con placas de oro, no siendo una masa sólida de ese metal precioso. —El orgullo y el fanatismo hacen que los hombres exijan que sus súbditos sigan su religión, buena o mala, y pocos se niegan cuando el interés mundano y el castigo abruman. Esto es fácil para el indolente, el sensual y el infiel, que constituyen la gran mayoría, y muchos irán por esos caminos. Nada es tan malo, que el mundo negligente no deje atraer por un concierto de música en vez de ser echado en un horno ardiente. La adoración falsa se ha establecido y se mantiene con tales métodos.

Vv. 8—18. La devoción verdadera calma, aquieta y ablanda al espíritu, pero la superstición y la devoción hacia dioses falsos inflama las pasiones de los hombres. Hay poca alternativa: conviértete o arde. Los soberbios todavía están dispuestos a decir como Nabucodonosor: ¿Quién es Jehová que yo deba temer su poder? Sadrac, Mesac y Abed-nego no vacilaron si debían obedecer o no. La consideración no era la vida o la muerte. Quienes eviten el pecado no deben parlamentar con la tentación cuando es abiertamente malo lo que nos seduce o atemoriza. No hay que detenerse a pensarlo, sino que, como hizo Cristo, decid: ¡Vete de mí, Satanás! —Ellos no pensaron una respuesta evasiva cuando se requirió una respuesta directa. Los que ponen su principal interés en su deber no deben angustiarse ni temer. Los siervos fieles de Dios saben que es poderoso para controlar y dominar a todas las potestades armadas contra ellos. Señor, si quieres, puedes. Si Él está por nosotros, no tenemos que temer lo que pueda hacernos el hombre. Dios nos librará, sea de la muerte o por medio de la muerte. —Ellos deben obedecer a Dios y no al hombre; más bien deben sufrir que pecar; y no deben hacer el mal para que venga el bien. Por tanto, ninguna de estas cosas los conmovió. Salvarlos de cometer pecado fue un milagro tan grande en el reino de la gracia, como sacarlos sanos y salvos del horno ardiendo lo fue en el reino de la naturaleza. El temor al hombre y el amor al mundo, especialmente la falta de fe, hacen que los hombres se rindan a la tentación, mientras una firme convicción de la verdad los librará de negar a Cristo o de avergonzarse de Él. Tenemos que ser mansos para responder, pero debemos ser decididos para obedecer a Dios antes
que al hombre.

Vv. 19—27. Que Nabucodonosor caliente su horno tan fuerte como pueda, que unos pocos minutos terminarán el tormento de los que fueron arrojados dentro, pero el fuego del infierno tortura y no mata. Los que adoraron la bestia y su imagen, no tienen descanso, pausa ni momento libre de su dolor, Apocalipsis xiv, 10, 11. —Esta gran promesa se cumplía ahora al pie de la letra, Isaías xliii, 2: Cuando pases por el fuego no te quemarás. Dejando el sacarlos a ese Dios que los preservó en el fuego, caminaban de aquí para allá en medio del fuego, sostenidos y animados por la presencia del Hijo de Dios. Los que sufren por Cristo tienen su presencia en sus sufrimientos aun en el horno ardiendo, y en el valle de sombra de muerte. —Nabucodonosor los reconoce como siervos del Dios Altísimo; un Dios capaz de librarlos de su mano. Nuestro Dios es el único fuego consumidor, Hebreos xii, 29. Si tan sólo pudiéramos mirar en el mundo eterno, veríamos al creyente perseguido a salvo de la maldad de sus enemigos, mientras que éstos están expuestos a la ira de Dios y atormentados en el fuego que nunca se apaga.

Vv. 28—30. Lo que Dios hizo por estos siervos ayudó a mantener a los judíos en su religión mientras estuvieron en el cautiverio, y a curarlos de la idolatría. El milagro produjo convicción profunda en Nabucodonosor. Pero no hubo cambio permanente en su conducta. —El que preservó a estos judíos piadosos en el horno ardiendo es capaz de sostenernos en la hora de la tentación y de impedir que caigamos en pecado.

viernes, 20 de febrero de 2009

Comentario al libro de Daniel

CAPITULO 2

Versículos 1—13. El sueño de Nabucodonosor. 14—23. Revelado a Daniel. 24—30. Recibido por el rey. 31—45. El sueño y la interpretación. 46—49. Honores para Daniel y sus amigos.

Vv. 1—13. Los hombres más grandes son los más expuestos a las preocupaciones y trastornos de la mente, que perturban su reposo nocturno, mientras el sueño del hombre que trabaja es dulce y profundo. No conocemos la inquietud de muchos que viven con gran pompa y, según otros piensan vanamente, con placer. El rey pidió a sus sabios que le dijeran el sueño mismo o todos iban a ser ejecutados como engañadores. Los hombres están más ansiosos por preguntar sobre los hechos futuros que por aprender el camino de la salvación o la senda del deber; pero el conocimiento anticipado de los sucesos aumenta la ansiedad y el trastorno. Los que engañaban, pretendiendo hacer lo que no podían, fueron sentenciados a muerte por no poder hacer lo que pretendían.

Vv. 14—23. Daniel oró humildemente que Dios le revelara el sueño del rey y su significado. Los amigos que oran son amigos valiosos; y bien le corresponde a los hombres más grandes y mejores desear las oraciones de los demás. Mostremos que valoramos a nuestros amigos y sus oraciones. —Oraban en forma específica. Lo que pidamos en oración, sólo podemos esperarlo como dádiva de la gracia de Dios. En la oración Él nos permite decir nuestras necesidades y nuestras cargas. Su ruego a Dios era el peligro en que estaban. —La misericordia por la que oraban Daniel y sus amigos fue concedida. La oración eficaz del justo puede mucho. Daniel estaba agradecido de Dios por hacerle saber lo que le salvó la vida y la de sus amigos. ¡Cuánto más debemos estar agradecidos a Dios por dar a conocer la grandiosa salvación del alma a los que no están entre los sabios y prudentes del mundo!

Vv. 24—30. Daniel hace cambiar la opinión del rey sobre sus magos y adivinos. La insuficiencia de las criaturas debe llevarnos a la absoluta suficiencia del Creador. Hay uno que puede hacer por nosotros, y darnos a conocer a nosotros, lo que nadie en la tierra puede, específicamente, la obra de redención y los designios secretos del amor de Dios a nuestro favor que hay en ella. —Daniel confirmó al rey su opinión de que el sueño era de gran consecuencia con referencia a los asuntos y cambios de este mundo inferior. —Que aquellos a quienes Dios ha favorecido y honrado grandemente, dejen de lado toda opinión de su propia sabiduría y valor, para que solo el Señor sea alabado por el bien que ellos tienen y hacen.

Vv. 31—45. La imagen representaba a los reinos de la tierra que iban a dominar sucesivamente a todas las naciones y que influirían en los asuntos de la iglesia judía. —1. La cabeza de oro representaba al imperio caldeo, entonces en existencia. —2. El pecho y los brazos de plata significaban al imperio medopersa. —3. El vientre y muslos de bronce significaban al imperio griego, fundado por Alejandro el grande. —4. Las piernas y pies de hierro representaban al imperio romano. Este se dividió en diez reinos, como los dedos de estos pies. Algunos eran débiles como barro, otros fuertes como hierro. Siempre se ha hecho esfuerzos para unirlos, para fortalecer el imperio, pero en vano. —La piedra cortada sin manos humanas, representaba el reino de nuestro Señor Jesucristo que debiera establecerse sobre los reinos del mundo, sobre las ruinas del reino de Satanás en ellos. Esa era la Piedra que los edificadores desecharon, porque no fue cortada por sus manos, pero que ha llegado a ser la piedra principal del ángulo. Lo dilatado del imperio de Cristo y la paz no tendrán limite. El Señor reinará no sólo al final del tiempo, sino cuando el tiempo y los días ya no se cuenten. Los hechos han ocurrido, el cumplimiento de esta visión profética ha sido sumamente exacto e innegable; las eras futuras presenciarán que esta Piedra destruye la imagen, y llena toda la tierra.

Vv. 46—49. Asunto nuestro es dirigir la atención al Señor, como Autor y Dador de toda buena dádiva. Muchos tienen pensamientos del poder y majestad divino, pero no piensan en servir ellos a Dios. Pero todos deben esforzarse para que Dios sea glorificado y se promuevan los mejores intereses de la humanidad.

sábado, 7 de febrero de 2009

Comentario al libro de Daniel

DANIEL
Daniel fue de noble cuna, si es que no era de la familia real de Judá. En su juventud fue llevado
al cautiverio en Babilonia, en el cuarto año del reinado de Joaquín, 606 a. C. Allá le enseñaron la
ciencia de los caldeos, y tuvo altos cargos en el imperio babilónico y en el persa. Fue perseguido
por su religión, pero fue milagrosamente librado, y vivió hasta edad avanzada, y debe de haber
tenido alrededor de noventa y cuatro años en la época de la última de sus visiones. El libro de
Daniel es en parte histórico, porque narra varias circunstancias acaecidas a él y a los judíos en
Babilonia, pero es principalmente profético detallando visiones y profecías que anuncian muchos
sucesos importantes referidos a los cuatro grandes imperios del mundo, a la venida y la muerte del
Mesías, a la restauración de los judíos y a la conversión de los gentiles. Aunque hay considerables
dificultades para explicar el significado profético de algunos pasajes de este libro, siempre hallamos
aliento para la fe y la esperanza, ejemplos dignos de imitar y algo para dirigir nuestros
pensamientos a Cristo Jesús en la cruz y en su trono glorioso.
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CAPÍTULO I
Versículos 1—7. El cautiverio de Daniel y sus compañeros. 8—16. Su negativa a comer la ración
del rey. 17—21. Su mejoría en sabiduría.

Vv. 1—7. En el primer año de su reinado, Nabucodonosor, rey de Babilonia, tomó Jerusalén y se
llevó consigo a quien quiso y lo que quiso. Es desde este primer cautiverio que la mayoría piensa
deben contarse setenta años. Interesa a los príncipes emplear a hombres sabios; es sabio buscar y
preparar a tales personas. Nabucodonosor ordena que se enseñe a los jóvenes elegidos. Todos los
nombres hebreos tenían algo de Dios en ellos, pero para hacerlos olvidar al Dios de sus padres,
Guía de su juventud, los paganos les dieron nombres con sabor a idolatría. Penoso es reflexionar
cuán a menudo la educación pública tiende a corromper los principios y la moral.
Vv. 8—16. El interés que pensamos que hemos tenido de nosotros mismos debemos reconocerlo
como dádiva de Dios. —Daniel era aún firme en su religión. Siguió aferrado al espíritu de un
israelita sin importar el nombre que le dieron. Estos jóvenes sintieron escrúpulos acerca de la
comida, no fuera a ser pecaminosa. Cuando el pueblo de Dios está en Babilonia, debe tener especial
cuidado de no participar en sus pecados. Es digno de elogio que la juventud no codicie ni busque
los deleites de los sentidos. Los que desean destacarse en sabiduría y piedad, deben aprender a
someter el cuerpo. Daniel evitó corromperse con el pecado; nosotros debemos temer más eso que
cualquier otro problema externo. Más fácil es mantener la tentación a distancia que resistir cuando
está cerca. No podemos aprovechar mejor lo que nos beneficia, que usarlo para alejarnos de pecar.
—La gente no creerá en la ventaja de evitar los excesos y de llevar una dieta austera, ni lo aportan a
la salud del cuerpo si no lo intentan. La temperancia consciente siempre hará más que la
indulgencia pecaminosa por el bienestar en esta vida.
Vv. 17—21. Daniel y sus compañeros se mantuvieron en la fe, y Dios los premió con eminencia
en el aprendizaje. Los jóvenes piadosos deben esforzarse por hacer mejor que sus semejantes en las
cosas útiles; no por recibir alabanza del hombre, sino para la honra del evangelio, y para que sean
reconocidos por ser útiles. Bueno es para un país, y para el honor de un príncipe, cuando puede
juzgar quiénes están mejor equipados para servirle, y los prefiere sobre esa base. Que los jóvenes
presten una sólida atención a este capítulo; que todos recuerden que Dios honra a los que le honran,
pero los que lo desprecian serán estimados en poco.