viernes, 20 de febrero de 2009

Comentario al libro de Daniel

CAPITULO 2

Versículos 1—13. El sueño de Nabucodonosor. 14—23. Revelado a Daniel. 24—30. Recibido por el rey. 31—45. El sueño y la interpretación. 46—49. Honores para Daniel y sus amigos.

Vv. 1—13. Los hombres más grandes son los más expuestos a las preocupaciones y trastornos de la mente, que perturban su reposo nocturno, mientras el sueño del hombre que trabaja es dulce y profundo. No conocemos la inquietud de muchos que viven con gran pompa y, según otros piensan vanamente, con placer. El rey pidió a sus sabios que le dijeran el sueño mismo o todos iban a ser ejecutados como engañadores. Los hombres están más ansiosos por preguntar sobre los hechos futuros que por aprender el camino de la salvación o la senda del deber; pero el conocimiento anticipado de los sucesos aumenta la ansiedad y el trastorno. Los que engañaban, pretendiendo hacer lo que no podían, fueron sentenciados a muerte por no poder hacer lo que pretendían.

Vv. 14—23. Daniel oró humildemente que Dios le revelara el sueño del rey y su significado. Los amigos que oran son amigos valiosos; y bien le corresponde a los hombres más grandes y mejores desear las oraciones de los demás. Mostremos que valoramos a nuestros amigos y sus oraciones. —Oraban en forma específica. Lo que pidamos en oración, sólo podemos esperarlo como dádiva de la gracia de Dios. En la oración Él nos permite decir nuestras necesidades y nuestras cargas. Su ruego a Dios era el peligro en que estaban. —La misericordia por la que oraban Daniel y sus amigos fue concedida. La oración eficaz del justo puede mucho. Daniel estaba agradecido de Dios por hacerle saber lo que le salvó la vida y la de sus amigos. ¡Cuánto más debemos estar agradecidos a Dios por dar a conocer la grandiosa salvación del alma a los que no están entre los sabios y prudentes del mundo!

Vv. 24—30. Daniel hace cambiar la opinión del rey sobre sus magos y adivinos. La insuficiencia de las criaturas debe llevarnos a la absoluta suficiencia del Creador. Hay uno que puede hacer por nosotros, y darnos a conocer a nosotros, lo que nadie en la tierra puede, específicamente, la obra de redención y los designios secretos del amor de Dios a nuestro favor que hay en ella. —Daniel confirmó al rey su opinión de que el sueño era de gran consecuencia con referencia a los asuntos y cambios de este mundo inferior. —Que aquellos a quienes Dios ha favorecido y honrado grandemente, dejen de lado toda opinión de su propia sabiduría y valor, para que solo el Señor sea alabado por el bien que ellos tienen y hacen.

Vv. 31—45. La imagen representaba a los reinos de la tierra que iban a dominar sucesivamente a todas las naciones y que influirían en los asuntos de la iglesia judía. —1. La cabeza de oro representaba al imperio caldeo, entonces en existencia. —2. El pecho y los brazos de plata significaban al imperio medopersa. —3. El vientre y muslos de bronce significaban al imperio griego, fundado por Alejandro el grande. —4. Las piernas y pies de hierro representaban al imperio romano. Este se dividió en diez reinos, como los dedos de estos pies. Algunos eran débiles como barro, otros fuertes como hierro. Siempre se ha hecho esfuerzos para unirlos, para fortalecer el imperio, pero en vano. —La piedra cortada sin manos humanas, representaba el reino de nuestro Señor Jesucristo que debiera establecerse sobre los reinos del mundo, sobre las ruinas del reino de Satanás en ellos. Esa era la Piedra que los edificadores desecharon, porque no fue cortada por sus manos, pero que ha llegado a ser la piedra principal del ángulo. Lo dilatado del imperio de Cristo y la paz no tendrán limite. El Señor reinará no sólo al final del tiempo, sino cuando el tiempo y los días ya no se cuenten. Los hechos han ocurrido, el cumplimiento de esta visión profética ha sido sumamente exacto e innegable; las eras futuras presenciarán que esta Piedra destruye la imagen, y llena toda la tierra.

Vv. 46—49. Asunto nuestro es dirigir la atención al Señor, como Autor y Dador de toda buena dádiva. Muchos tienen pensamientos del poder y majestad divino, pero no piensan en servir ellos a Dios. Pero todos deben esforzarse para que Dios sea glorificado y se promuevan los mejores intereses de la humanidad.

sábado, 7 de febrero de 2009

Comentario al libro de Daniel

DANIEL
Daniel fue de noble cuna, si es que no era de la familia real de Judá. En su juventud fue llevado
al cautiverio en Babilonia, en el cuarto año del reinado de Joaquín, 606 a. C. Allá le enseñaron la
ciencia de los caldeos, y tuvo altos cargos en el imperio babilónico y en el persa. Fue perseguido
por su religión, pero fue milagrosamente librado, y vivió hasta edad avanzada, y debe de haber
tenido alrededor de noventa y cuatro años en la época de la última de sus visiones. El libro de
Daniel es en parte histórico, porque narra varias circunstancias acaecidas a él y a los judíos en
Babilonia, pero es principalmente profético detallando visiones y profecías que anuncian muchos
sucesos importantes referidos a los cuatro grandes imperios del mundo, a la venida y la muerte del
Mesías, a la restauración de los judíos y a la conversión de los gentiles. Aunque hay considerables
dificultades para explicar el significado profético de algunos pasajes de este libro, siempre hallamos
aliento para la fe y la esperanza, ejemplos dignos de imitar y algo para dirigir nuestros
pensamientos a Cristo Jesús en la cruz y en su trono glorioso.
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CAPÍTULO I
Versículos 1—7. El cautiverio de Daniel y sus compañeros. 8—16. Su negativa a comer la ración
del rey. 17—21. Su mejoría en sabiduría.

Vv. 1—7. En el primer año de su reinado, Nabucodonosor, rey de Babilonia, tomó Jerusalén y se
llevó consigo a quien quiso y lo que quiso. Es desde este primer cautiverio que la mayoría piensa
deben contarse setenta años. Interesa a los príncipes emplear a hombres sabios; es sabio buscar y
preparar a tales personas. Nabucodonosor ordena que se enseñe a los jóvenes elegidos. Todos los
nombres hebreos tenían algo de Dios en ellos, pero para hacerlos olvidar al Dios de sus padres,
Guía de su juventud, los paganos les dieron nombres con sabor a idolatría. Penoso es reflexionar
cuán a menudo la educación pública tiende a corromper los principios y la moral.
Vv. 8—16. El interés que pensamos que hemos tenido de nosotros mismos debemos reconocerlo
como dádiva de Dios. —Daniel era aún firme en su religión. Siguió aferrado al espíritu de un
israelita sin importar el nombre que le dieron. Estos jóvenes sintieron escrúpulos acerca de la
comida, no fuera a ser pecaminosa. Cuando el pueblo de Dios está en Babilonia, debe tener especial
cuidado de no participar en sus pecados. Es digno de elogio que la juventud no codicie ni busque
los deleites de los sentidos. Los que desean destacarse en sabiduría y piedad, deben aprender a
someter el cuerpo. Daniel evitó corromperse con el pecado; nosotros debemos temer más eso que
cualquier otro problema externo. Más fácil es mantener la tentación a distancia que resistir cuando
está cerca. No podemos aprovechar mejor lo que nos beneficia, que usarlo para alejarnos de pecar.
—La gente no creerá en la ventaja de evitar los excesos y de llevar una dieta austera, ni lo aportan a
la salud del cuerpo si no lo intentan. La temperancia consciente siempre hará más que la
indulgencia pecaminosa por el bienestar en esta vida.
Vv. 17—21. Daniel y sus compañeros se mantuvieron en la fe, y Dios los premió con eminencia
en el aprendizaje. Los jóvenes piadosos deben esforzarse por hacer mejor que sus semejantes en las
cosas útiles; no por recibir alabanza del hombre, sino para la honra del evangelio, y para que sean
reconocidos por ser útiles. Bueno es para un país, y para el honor de un príncipe, cuando puede
juzgar quiénes están mejor equipados para servirle, y los prefiere sobre esa base. Que los jóvenes
presten una sólida atención a este capítulo; que todos recuerden que Dios honra a los que le honran,
pero los que lo desprecian serán estimados en poco.